Orlando Letelier: Testimonio y vindicación
Extracto

 


   

Se Asoman los Traidores

Presentación por Memoria y Justicia
(septiembre 2007)

Era septiembre 1975.

Hacia un año que la Junta Militar, encabezaba por Augusto Pinochet, bajo presión internacional, y de Venezuela en particular, deportó a Orlando Letelier, el primer prisionero político liberado fuera de Chile. Había pasado los doce meses anteriores encarcelado primero en Isla Dawson y después en Ritoque junto con otros Ministros del gobierno de la Unidad Popular. En el Regimiento Tacna fue sometido al primer de tres simulacros de fusilamiento, de alguna manera, ensayos tal vez por el atentado que le quitaría la vida tres años después.

Durante los próximos dos años Letelier viajó incansablemente denunciando el la dictadura, declaró ante la Comisión Church del Senado de los EEUU sobre los atropellos que se cometían en Chile, y logró unir decisivamente oposición internacional en contra de la tiranía.

En Chile, la Junta Militar había desmantelado las instituciones democráticas del Estado y se sostenía por una política de implantar el temor psycho-social. La maquinaria del terror, con sus funcionarios pagados por el Estado, operaba a todo dar en Villa Grimaldi, en Colonia Dignidad y diversos puntos del país. Mas allá de la frontera chilena, en Buenos Aires el ex General Carlos Prats había sido asesinado el año anterior por un coche bomba.

El carácter de traidor de Augusto Pinochet y su afán de venganza estaban mas que claro. Aunque parezca paradójico, los que iban a ser sus víctimas (el Presidente Salvador Allende, el ex Comandante en Jefe del Ejercito Carlos Prats, y ministros de gobierno como el propio Orlando Letelier) creyeron hasta poco días antes del 11 de septiembre de 1973, que contaban con su apoyo y lealtad incondicional. Pinochet les informaba que visitaba a las unidades militares para apaciguar a los exaltados, sin embargo la historia nos ha demostrado que su tarea encomendada resultó tener una misión opuesta: la de afianzar la organización del Golpe y la sedición entre los militares.

En respuesta a preguntas que le planteó Joan Garcés, asesor especial al Presidente Allende, que preparaba el libro Allende et l�expérience chilienne (Presse de la Fondation Nationale des Sciences Politiques, 1976), en septiembre de 1975 Orlando Letelier reflexionaba sobre el contexto que derivó en el golpe de estado y los personajes que lo maniobraron. En la cinta que grabó para Garcés, la voz pausada de Letelier describe como ninguno jugó mejor su papel como Augusto Pinochet: el de paloma blanca.

Un año mas tarde, el 21 de septiembre de 1976, Orlando Letelier, cuyo voz movilizó a miles en repudio a la dictadura, moriría junto con Ronni Moffit colaboradora del Institute for Policy Studies, crimen de lesa humanidad ordenado por Augusto Pinochet.

Con autorización de su autor y editor, publicamos un extracto de la transcripción de la cinta grabada por Orlando Letelier, publicado bajo el titulo de Orlando Letelier: Testimonio y vindicación (Siglo Veintiuno Editores, Madrid, S.A., 1995).


II.
Vamos al segundo punto.

Tú dices que en otro momento del almuerzo yo hice una alusión en el sentido de que si no nos derrocaban en esa semana no caíamos nunca. Y que yo había señalado que todo lo habían venido preparando para que el asunto explotara esa semana.

Me recuerdo perfectamente de ese comentario mío. Las bases para ese comentario eran diversas, pero voy a tratar de señalarte los principales elementos de información para eso.
Por una parte, el principal elemento: Carlos Prats.

El día viernes [7 de septiembre], en la noche, yo había tenido en su casa una conversación bastante larga con él. Bastante interrumpida también, porque mientras estaba en la conversación con él empezó el operativo en Sumar. Y me llegaron llamadas telefónicas desde mi casa, porque Pedro Vuskovic me andaba buscando en relación con la situación que allí había ocurrido. Yo hablé con Leigh, preocupado. Leigh me llamó varias veces a mi casa, etc. Y yo lo llamaba a él, porque n o quería en ese instante que él supiera que yo estaba en la casa de Carlos Prats. En torno a toda esta cosa de Suma le di instrucciones a Leigh que retirara a la gente de la Fuerza Aérea de allí. El después me llamó para decirme, llamó a mi casa, para decir que realmente los habían atacado. Finalmente, terminé por citarlo al día siguiente a las nueve de la mañana a mi oficina. Al día siguiente era sábado [día 8 de septiembre].

Como te digo esta conversación con Prats fue bastante interrumpida. Por otra parte, Prats estaba en un estado anímico sumamente especial. Pero, con todo, allí él me dijo categóricamente:

Mira, Orlando, las cosas han llegado a un nivel tal que si el Presidente no toma medidas para sacar a algunos generales antes del viernes, próximo, yo creo que el jueves o viernes próximo, el 14 [de septiembre] se produce un Golpe de Estado.

Después yo le pregunté, a él, acerca de la actitud de cada uno de los generales. El tenía la convicción bastante clara de que Bonilla , Arellano , Bravo , desde luego que en alguna medida Torres de la Cruz en el sur, otro general que me citaste, no me recuerdo, que estaba en Concepción [Washington Carrasco ], estaban metidos en el Golpe. Tenía una actitud de dudas frente a algunas personas como Brady , que para mí era una situación bastante compleja por la forma en que este Brady había llegado a ser Jefe de la Segunda División de Ejercito, que tenía la jurisdicción sobre la provincia de Santiago.

Yo respecto de Brady tenía muchos reparos. En alguna medida Prats también los tenía. Me comentó allí:

Bueno, Brady hace mucho alarde de su amistad con el Presidente Allende, pero realmente es una persona a la cual yo no le tendría gran confianza.

Ahora, lo que es muy claro es que Carlos Prats, hasta ese día de que te estoy hablando, el día viernes [7 de septiembre], tenía una confianza muy grande en Pinochet. Hubo un momento en que después de que él me planteó esto de que había que tomar alguna medida, yo le dije:

Bueno, pero si Pinochet está en una actitud de lealtad, a él también se le puede crear este problema de tener que renunciar. Como te ocurrió a ti, Carlos. O si no, quiere decir que Pinochet está contando, y que en un momento determinado se va a plegar hacia el sector donde haya un mayor número de generales. O de fuerzas, que eventualmente puede ser el sector que está por el Golpe, en contra del Gobierno.

Carlos Prats no me rebatió muy categóricamente. Pero en todo caso me insistió en que él pensaba que Pinochet tenía una actitud de lealtad hacia el Presidente. Y que, en todo caso. Pinochet no estaría en la cuota de los traidores.

Ese era un punto, mis conversaciones con Prats.
Por otro lado, desde el momento en que yo había llegado al Ministerio en los primeros días de septiembre [de 1973], (realmente, mi designación fue el 28 [de agosto], pero creo que hubo un fin de semana) me di cuenta de que el Golpe venía armándose. Es decir, Carlos Prats me precisó fecha. Me habló del 14. Pero para mí la cosa era bastante ostensible. Es cierto que yo veía que la cosa venía más por el lado de la Armada. Pero presumía que no podía haber un intento de Golpe sin el Ejército. Y eventualmente te quiero decir que, desde los primeros días incluso, Pinochet, y esto en alguna medida me había llevado a tener una actitud de cierta confianza hacia él, desde los primeros días Pinochet me dijo:

Mire, Ministro, aquí hay una tropa de locos, de desequilibrados, que están planteando que es preferible que se produzca ahora una definición [es decir, un Golpe], y que mueran cien mil personas, antes de que haya un enfrentamiento y una guerra civil en que puedan morir un millón de personas. Yo estoy haciendo lo posible, de acuerdo con lo que me había pedido antes mi general Prats, con lo que me había pedido el Presidente. Estoy visitando unidades, y las cosas están mejorando. Pero le quiero decir que en mi última visita hay gente que esté en una actitud muy difícil.

Yo ahí le planteé,

Bueno, le dije, a esa gente hay que llamarle inmediatamente a retiro.

Me dijo, Bueno, pero es que con esto vamos a violentar las cosas. Por qué no me da un poco de tiempo, Ministro, de acuerdo con lo que el propio Presidente me ha planteado, para que yo vaya afianzando la situación de la gente de confianza, y que yo vaya visitando las unidades (etcétera).

La conversación con Pinochet a mi me preocupó. Esto debe de haber sido alrededor del [lunes] 3 [de septiembre]. Y quizás ese mismo día o si no al día siguiente de la celebración del 4 [de septiembre, aniversario de elección presidencial de 1970], el [miércoles[ 5] yo le pedí al Presidente que convocara a una reunión de los Jefes de Partido de la Unidad Popular . Y allí planteé que Pinochet me había dicho, lisa y llanamente, que si había un levantamiento esto iba a ser una cosa de tipo general; que no iba a repetir un 29 de junio. Y que iba a ser general, no solamente en el ámbito del Ejército sino también en el ámbito global de las tres ramas de las Fuerzas Armadas.

Yo tenía también la impresión, desde los primeros días, de que el almirante Carvajal, como Jefe del Estado Mayor Conjunto, era el hombre de enlace de todo el grupo de los oficiales reaccionarios. Y se lo había comentado al Presidente. Y a Montero. Y Montero no me lo había rebatido con mucha fuerza. Pero me había planteado que bueno, que tendríamos que esperar un poco la [Junta de] Calificación que se haría de todos los almirantes hacia fin de año, para la salida, fundamentalmente, de dos personas. Que en la Armada eran Merino y Carvajal, a los cuales ya se les había cumplido el plazo para su renuncia. Es decir, cuarenta años de servicio, creo que es. No estoy seguro si cuarenta años, pero se les había cumplido el plazo. Creo que cuarenta.

Esos eran otros elementos. La actitud de Carvajal. Como te decía antes, lo que el propio Pinochet me había dicho. Y lo que me había dicho hacía pocas horas el propio Carlos Prats.

En alguna medida, �por qué yo decía que si no nos golpeaban esa semana no nos botaban nunca?

Yo había tenido, en cierto modo, la sensación de que al ponerme yo muy firme frente a la situación de Montero, a Montero no lo habían podido sacar [de la Comandancia en Jefe]. Ya habíamos hablado con el Presidente de que había que acelerar las medidas que tomara el Gobierno frente a los oficiales golpistas. La impresión era de que, eventualmente, las cosas estaban dadas para esa semana. Pero que, en alguna medida, si no se daban en esa semana y nos daban un poco de tiempo y si venía, incluso, el anuncio del Presidente sobre el Plebiscito, íbamos a tener alguna capacidad de maniobra para llevar a cabo el retiro de una serie de oficiales que ya los teníamos más o menos identificados. Que íbamos a tener la posibilidad de acelerar los sumarios, etcétera.

(Voy a continuar la grabación para Joan Garcés.)

En cuanto a la información que había venido suministrando Pinochet desde que asumió la Comandancia en Jefe. La información era en los términos que antes te había señalado. Apenas asumí yo el Ministerio me dijo que el Presidente, cosa que yo verifiqué con el Presidente, y era así. Le había encargado que visitara distintas unidades con el fin de ir viendo cual era la situación ahí, y afianzando su posición como Comandante en Jefe. Por otra parte, él había pedido la renuncia a todos los generales, en el momento de asumir la Comandancia en Jefe.

A los pocos día me había informado de que dos generales, yo me había informado y se lo pregunté a él, me había informado por fuera, no a través de él, de que dos generales, uno Bonilla, y otro Arellano, no le habían presentado la renuncia. Entonces hablé con él y le dije que esto me parecía una cosa inaceptable, y que él debía tomar inmediatamente medidas a este respecto. Esto ocurrió muy pocos días antes del Golpe, y en ese momento Pinochet me dijo:

Sí. Estos generales son los que han tenido la actitud de menos cooperación hacia mí.

No me dijo nunca que ellos eran los que estaban directamente a la cabeza de un movimiento subversivo. Pero aceptó cuando yo le planteé que tenía que acelerar el llamado a retiro de estas dos personas en los próximos días.

En síntesis, la actitud de Pinochet había sido la de anunciarme al principio que existía una situación muy difícil. Pero situación que él habría ido poco a poco mejorando a través de sus visitas. Y en todo momento había mantenido, como te digo, una actitud en lo verbal y en lo formal de gran adhesión hacia el Presidente de la República, como tú lo sabes muy bien.

 

 



Volver arriba

Regresar a la página "Rescatando Memoria"

 

 
   

 

 

 

| Portada Principal | English | Español |