Augusto Pinochet, Sin salida

 

 

   
Este artículo, escrito por Francisco Marin para Proceso, se reproduce con permiso del autor.


De las diversas causas que se siguen contra el exdictador Augusto Pinochet, la conocida como Villa Grimaldi ser’a la primera por la que reciba sentencia. El ministro instructor de la causa, Alejandro Sol’s, lo acusa del secuestro de 26 personas, de tortura contra 23 m‡s y de un homicidio calificado. En entrevista con Proceso, Sol’s explica los fundamentos de sus acusaciones y relata su encuentro con Pinochet, en el que confirm— que Žste se encuentra apto mentalmente para enfrentar dicho juicio.

SANTIAGO DE CHILE
"Ustedes son sacerdotes y tienen el lujo de ser misericordiosos. Yo soy soldado y el presidente de toda la naci—n chilena. El pueblo fue atacado por el bacilo del comunismo y hay que extirpar a los marxistas y comunistas, hay que torturarlos porque de otra manera no cantan".

As’ reaccion— Augusto Pinochet ante los requerimientos del obispo de la iglesia evangŽlica luterana Helmut Frenz y su similar cat—lico Fernando Arizt’a, quienes se reunieron con Žl en la segunda mitad de 1974 para presentarle un dossier con informaci—n exhaustiva sobre la tortura sistem‡tica que entonces se verificaba en Chile.

Este testimonio, junto con otras numerosas pruebas, tienen al otrora dictador a punto de ser condenado por la causa Rol 2182 1998 Villa Grimaldi. El pasado 27 de octubre, el ministro instructor de la causa, Alejandro Sol’s, proces— a Pinochet por ser autor de 26 secuestros calificados (en los que los detenidos tienen calidad de desaparecidos), as’ como por delitos reiterados de torturas cometidos contra 23 personas, la mayor’a de ellas sobrevivientes del centro de detenci—n y tortura Villa Grimaldi, y del homicidio calificado de Alejandro çvalos Davidson.

Por lo anterior y debido a que el juez instructor consider— que "es un peligro para la seguridad de la sociedad, atendido el nœmero de delitos que se le atribuyen", Pinochet qued— en calidad de detenido el pasado lunes 30 de octubre. Sin embargo, en atenci—n a su avanzada edad, se le otorg— el beneficio de arresto domiciliario, que cumple en su mansi—n del acomodado barrio de La Dehesa, en los contrafuertes cordilleranos de Santiago.

Ordenes del general
Segœn la resoluci—n adoptada por el ministro Sol’s, quien es titular de la Corte de Apelaciones de Santiago, la responsabilidad penal de Pinochet radica en que todos los afectados en el proceso fueron secuestrados por un organismo que depend’a directamente de Žl, la Direcci—n de Inteligencia Nacional (Dina).

Entre las pruebas, el juez cita las declaraciones del exdirector de esa corporaci—n, Manuel Contreras. Este afirm— que diariamente le informaba a Pinochet sobre las actividades de la DINA, "para lo cual concurr’a personalmente a buscarle a su domicilio y le trasladaba hasta el edificio Diego Portales (entonces sede de Gobierno). Tom‡bamos desayuno y manten’amos una conversaci—n cuya duraci—n era promedio de una media hora a una hora y a veces mucho m‡s". Y agreg—, "Nunca tuve independencia y autonom’a en mi actuar. Lo que hizo la DINA fue conforme a las instrucciones impartidas por el general Augusto Pinochet".

Sol’s sostiene en su fallo que la DINA fue una "organizaci—n criminal" cuyo objetivo era "reprimir y eliminar a aquellos que consideraba enemigos pol’ticos", de acuerdo con las —rdenes dictadas por Pinochet. Y afirma que este organismo estatal recurri— a la tortura "como una forma institucionalizada de interrogar". En entrevista con Proceso, Sol’s comenta sobre su fallo.
"Es relevante por ser la primera vez que se procesa por un caso de torturas a un expresidente de la Repœblica como es Augusto Pinochet. El antes ten’a autos de procesamiento por secuestro calificado de personas. Pero en el caso de Villa Grimaldi lo tengo (procesado) adem‡s por el secuestro de unas 25 personas (sic), por un homicidio calificado y por 23 actos de tortura contra detenidos".

Y a–ade, "Es importante tambiŽn porque, trat‡ndose de delitos de lesa humanidad, la defensa no puede invocar ni la amnist’a ni la prescripci—n". En su dictamen, el magistrado se apoya tambiŽn en el derecho internacional humanitario.

"Conviene recordar", dice el documento, "que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha precisado (en la sentencia del caso Barrios Altos, marzo, 2001) que son inadmisibles las disposiciones de amnist’a (...), prescripci—n y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigaci—n y sanci—n de los responsables de las violaciones graves a los derechos humanos, tales como la tortura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias y las desapariciones forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos".

En Chile no exist’a jurisprudencia respecto del delito de torturas. Para probar este il’cito en el caso Villa Grimaldi, Sol’s recurri— a declaraciones de afectados, careos, entrevistas a testigos y consultas a mŽdicos legistas. Estos œltimos aportaron importantes elementos de prueba, como la constataci—n de lesiones y la existencia de estrŽs postraum‡tico.

Por la causa Villa Grimaldi, adem‡s de Pinochet, se encuentran procesados los generales Manuel Contreras, Hern‡n Ram’rez Hald y CŽsar Manr’quez; los brigadieres Pedro Espinoza, Miguel Krassnoff y Fernando Laureani; los coroneles Marcelo MorŽn Brito, Haroldo Latorre, Rolf Wenderoth y Gerardo Urrich; el capit‡n Manuel Carevic y el suboficial Basclay Zapata. Todos oficiales en retiro.

Sol’s se muestra confiado en que su procesamiento ser‡ ratificado en instancias superiores. "Esta es una resoluci—n de primera instancia, susceptible, por lo tanto, de ser apelada y revisada por la Corte de Apelaciones o eventualmente por la Corte Suprema. Pero tengo la ventaja de que tengo ingresada y cumpliendo condena a la cœpula de la DINA en el caso Miguel Sandoval (secuestrado y desaparecido en 1975), en el que se invoc— ante la Corte Suprema la amnist’a y la prescripci—n. Y, tanto yo, en mi fallo de primera instancia, como la Corte de Apelaciones en segunda instancia, y la Corte Suprema al conocer el recurso de casaci—n, desechamos la aplicaci—n de la amnist’a y la prescripci—n".

En dicha ocasi—n, la justicia chilena estim— que el secuestro es un delito que no prescribe, se mantiene mientras no aparezca el cuerpo de la v’ctima. Adem‡s, consider— que la desaparici—n forzada es un crimen de lesa humanidad, por lo que la aplicaci—n de justicia ser’a ineludible. En el proceso por la desaparici—n de Sandoval, Manuel Contreras cumple una pena de 12 a–os de prisi—n. Adem‡s de Žl, purgan culpas por este delito Miguel Krassnoff (10 a–os), Marcelo MorŽn (11), Fernando Laureani (5) y Gerardo Godoy (5).

No est‡ loco
El juez Sol’s, horas antes de emitir su procesamiento, desestim— sobreseer de responsabilidad alguna a Pinochet. En entrevista con Proceso, explica sus razones.

"La defensa me pidi— que lo sobreseyera por estimar que no estaba mentalmente en condiciones de afrontar un juicio. ContestŽ en un documento de 10 p‡ginas (...) que en el episodio Colombo, por ejemplo, se le hicieron ex‡menes mentales y neurol—gicos y la mayor’a de los peritos consider— que estaba apto para ejecutar un juicio. Y agreguŽ que en las declaraciones de unas 20 o 30 personas que lo rodean, o sea la v’a domŽstica, (como) el secretario, el custodio y los guardias de su casa, todos manifiestan que lee cuatro por d’a, revistas, va a comprar sus propios libros, hace gestiones bancarias, todo lo cual demostraba que no era una persona inh‡bil".

Sol’s cuenta que en ese documento tambiŽn apunt— que cuando interrog— a Pinochet le mencion— unas declaraciones de un teniente de carabineros (polic’a) que lo inculpa. El teniente se–al— que Pinochet le habr’a preguntado acerca del avance en la bœsqueda de unos dirigentes de izquierda. En su encuentro con Sol’s, el dictador dijo sobresaltado: ÒEse (teniente) es un mentiroso! Y se lo dije en su cara".

ÒUsted est‡ aludiendo a un careo que hubo en octubre del a–o pasado," insisti— Sol’s. ÒExactamente," afirm— Pinochet."

"O sea, el general s’ se acordaba de lo sucedido un a–o atr‡s", asegura el magistrado en la entrevista.

Y continœa. "DespuŽs le dije (a Pinochet): Le voy a leer los dichos del obispo luterano Helmut Frenz... "Ahhh, nooo! No me diga nada, interrumpi— Pinochet". Eso quiere decir, continœa Sol’s, que s’ sab’a de lo que le iba a hablar.
"Y resulta que me refer’a a una entrevista que ocurri— en 1974. Entonces (Pinochet) es una persona que se domina en el tiempo y el espacio. Por tanto, no puede considerarse que est‡ enajenado mentalmente en los tŽrminos en que no pueda seguir un procesoÓ, concluye el ministro.

El 1 de julio de 2002 Pinochet fue sobrese’do en el proceso Caravana de la muerte, por tener demencia vascular moderada, como expres— en su fallo la Corte Suprema. Pero tres a–os m‡s tarde, el 16 de noviembre de 2005, fue declarado mentalmente apto para enfrentar el juicio que se le sigue por los secuestros y homicidios realizados en el contexto de la Operaci—n Colombo. Este juicio fue un montaje cuyo prop—sito era ocultar el secuestro y desaparici—n de 119 militantes de izquierda chilenos. Se intent— incluso atribuir sus muertes a disputas internas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

El proceso por los cr’menes cometidos en Villa Grimaldi se est‡ convirtiendo en la m‡s importante causa judicial sobre derechos humanos que se sigue en Chile. En primer lugar, porque, dada la celeridad y prolijidad con que actœa el ministro Sol’s y considerando lo avanzado de la causa y lo contundente de las pruebas inculpatorias, se estima que este es el primer caso en que Pinochet podr’a ser condenado. Diversas fuentes consultadas por Proceso estiman que la condena en primera instancia se dar‡ en los pr—ximos cuatro meses. Y que la sentencia definitiva se emitir’a en el curso del segundo semestre del pr—ximo a–o.

La defensa, encabezada por el abogado Pablo Rodr’guez Grez, quien sabe que las razones procesales no est‡n de su lado, apela a maniobras dilatorias, con el aparente objetivo de que la muerte del general llegue antes que su sentencia.

Villa Grimaldi
El procesamiento de Pinochet y de la cœpula de la DINA est‡ poniendo de relieve el tema de la tortura y de lo que ocurri— en los centros de detenci—n de la dictadura pinochetista. Segœn diversas estimaciones, por lo menos 100 mil personas fueron martirizadas en el pa’s, y las secuelas de ello perviven no s—lo en los individuos afectados, sino en el conjunto de la sociedad chilena. En la comentada resoluci—n de Villa Grimaldi, el juez Sol’s, citando el Informe de la Comisi—n Nacional sobre Prisi—n Pol’tica y Tortura (noviembre de 2004), expresa, "Quienes estuvieron en Villa Grimaldi siempre permanecieron vendados y sometidos a interrogatorios y torturas (...) Sufrieron golpes de pies y pu–os, as’ como con objetos contundentes; aplicaci—n de electricidad, en ocasiones utilizando Ôla parrillaÕ (...), consistente en una mesa met‡lica sobre la que se tumba a la v’ctima desnuda y atada por las extremidades y se le comienzan a aplicar descargas elŽctricas en labios, genitales, heridas o pr—tesis met‡licas; tambiŽn se situaba a dos personas, parientes o amigos, en dos cajones met‡licos superpuestos, de modo que cuando se torturaba al de arriba el otro percib’a el impacto psicol—gico (...); (los prisioneros) fueron incomunicados por largo tiempo, (se les someti— a) simulacros de fusilamiento, pau de arara (ser colgados de pies o manos), submarinos secos (asfixiados con bolsas), submarinos hœmedos (sumergidos de cabeza en recipientes con excrementos)... vejaciones y violaci—n sexual, en ocasiones con animales; extracci—n de las u–as, el telŽfono (golpes repetidos con ambas manos sobre los o’dos), amenazas y manipulaci—n psicol—gica".

En Villa Grimaldi estuvieron presas la actual presidenta de Chile, Michelle Bachellet, y su madre Angela Jeira. Esta œltima declar—, "Un d’a vi (a) unos 20 hombres, j—venes y viejos. Los llevaban engrillados de los pies, sucios hasta el punto de que no se sab’a de quŽ color era su ropa. Quedaron de espaldas a m’ y los amenazaban con las metralletas. ÔÀQuieren pasar al water (ba–o)?Õ, les dijeron. Bien, pero primero los vamos a entretenerÕ. Los obligaron a ponerse en fila, de a tres o cuatro, y a que cada uno metiera el dedo en el ano del preso que ten’a delante, mientras el de adelante masturbaba al que ten’a a su espalda. Los hicieron bajarse los pantalones y los obligaron.ÔÁM‡s r‡pido!Õ, les gritaban, y se re’an... DespuŽs los dejaron pasar al water y, de ah’, a recoger el plato de comida y un panÓ.

Varias organizaciones, como la Corporaci—n Parque por la Paz Villa Grimaldi, estima que por esa villa pasaron 5 mil personas. A 142 de ellas se les vio all’ por œltima vez. Las antiguas construcciones de la Villa, algunas de las cuales se demolieron en las postrimer’as de la dictadura, fueron sede de importantes acontecimientos de la historia chilena. All’ se redactaron dos constituciones pol’ticas decimon—nicas a cargo de los juristas liberales Juan y Mariano Ega–a. En las dŽcadas de los cincuenta y los sesenta del siglo pasado, el lugar fue un acogedor restaurante y centro de esparcimiento frecuentado por la intelectualidad de izquierda. Hoy, esa zona es un memorial de derechos humanos llamado Parque por la Paz Villa Grimaldi. Al reabrir sus puertas, se puede divisar la justicia

 

 


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